martes, 23 de abril de 2019

La exultación de la inequidad y la glorificación del espejismo de la superación.


 


Los medios masivos, normalmente manejados por las estirpes hegemónicas que les conviene mantener a las masas tanto entretenidas como sesgadamente desinformadas, juegan un rol decisivo en la mísera percepción de la realidad de millones y millones de seres humanos. Esta tarea de manipulación les es mucho más fácil de ejecutar cuando el grueso de la población a la que le apuntan es de una pobreza reflexiva, analítica y solidaria como la colombiana. 

Insisto en que manipulación mediática no es exclusividad de nuestra sociedad, pero sin duda la naturaleza del criollo promedio es la condición ideal para ejecutar los máximos niveles de doblegación a los que puede llegar esta vil dinámica. Puede que muchos digan que los gringos son mensos, incultos y mediáticos (y sí, muchos lo son), pero esa gente ha demostrado históricamente que cuando hay que unirse por una causa que consideren sus mayorías justa, sobreponen a creencias, egos y costumbres para cambiar eso que los está perjudicando. Pero infortunadamente, el colombiano manipulable es egoísta, vengativo, egocéntrico, violento, ventajoso, moralista y engreído. De un mismo colombiano usted puede encontrar estas perlas:

Egoísta: 
"Esos vagos marchando me van a hacer llegar tarde a la reunión" 

Vengativo-ofensivo: 
"Alemania le ganó 7-1 a Brasil, siquiera perdieron esos HPs que nos robaron"

Egocéntrico: 
"Yo trabajo duro y me gano lo mío sin pedirle nada regalado a nadie".

Violento: 
"Yo no me dejo de ningún HP".

Ventajoso: 
"Haga usted la fila allá y yo acá, vemos cuál llega primero" 

Moralista-Sensiblero: 
"Nos va a gobernar una lesbiana, les van a enseñar a los niños a ser gay".

Engreído: 
"Esos argentinos son unos creídos, en cambio acá somos una chimba, amables y sencillos"  

Y el hecho que haya muchas personas que piensen, se expresen y obren así en nuestro país está altamente influenciado por lo que consumen nuestros compatriotas diariamente a través de los medios masivos de comunicación. Narconovelas, narcopresidentes polarizadores, periodistas deportivos chabacanamente patrioteros, periodistas sesgados, entretención barata y amarillismo complementadas por un sistema educativo paupérrimo en el que la lectura extensiva, el pensamiento crítico y el trabajo colaborativo (premeditadamente) no son en absoluto prioridad. 

Entonces, este tenebroso cóctel de esencias, circunstancias y estrategias hacen que la colombianidad esté sumida en los dos aspectos que menciono en el título del post: 
La glorificación del espejismo de la superación y la exultación de la inequidad.

El espejismo de la superación: 
Hay tanto colombiano promedio sometido a la mediocridad que cree que tener un trabajo medio bien pago en comparación con otros es meramente fruto de su "talento y esfuerzo"; ignorando por un lado su condición de esclavo que recibe por su fuerza de trabajo las migajas de sus patronos, y por otro condenando a los que no han tenido la misma suerte, y deben romperse el lomo para sobrevivir, a la palestra de los "vagos, perezosos que quieren que les regalen todo". Estrechitos de mente y corazón; egoístas, egocéntricos, ventajosos, ofensivos.

Hermano colombiano, ya que con su inteligencia y coraje ha podido trabajar y ganarse la vida digna de la que tanto alardea, tómese un tiempo para viajar, investigar y conocer de primera mano otras realidades que se viven en su país. De verdad, entérese de que hay millones de compatriotas que han querido estudiar, han querido trabajar, han querido prepararse para tener una vida con menos dificultades, pero de verdad NO HAN PODIDO!  No han tenido la misma suerte que usted de ir a un colegio; que han pasado días enteros con un pan (o arroz) y aguadepanela; durmiendo en la calle o cambuches de palo, y otras tantas vicisitudes que podría enumerar; y dese cuenta por favor que aunque han querido y luchado por zafar de estas circunstancias NO HAN PODIDO, y difícilmente podrán porque vivimos en uno de los cinco países con mayor desigualdad en el mundo (sí, entre los 200 y pico de países que hay hace rato oscilamos entre el top 3 y el top 8); es en serio, hay una cosa que se llama el Coeficiente de Gini que así lo comprueba. 

La exultación de la inequidad:
Otra eficaz estrategia mediática para fomentar el sesgo analítico de los colombianos ante sus obscenas realidades, ha sido presentar como hechos heroicos los esfuerzos de muchos que deben superar grandes obstáculos para conseguir las migajas de un país tan desigual. La niña que atraviesa un abismo en canopy o un puente colgante en mal estado para llegar a su escuela es presentada como una heroína llena de deseos por salir adelante, y "para que no le regalen nada" a futuro. El campesino que pasa con una vetusta bicicleta cargada de cantinas de leche a la famosa Mariana Pajón, es un hermoso ejemplo de gente "que le pone el alma". Y la gente se siente orgullosa de lo "berracos que somos los colombianos", de como a pesar de los problemas somos unos duros que vencen toda adversidad y si no la vencen, al menos son felices en medio de ella. Engreídos, sensibleros, egocéntricos. 

Celebran ese supuesto heroísmo, pero no saben que esa niña llega a una escuela sin recursos, sin profesores y en la que el único profesor de la vereda, que gana un salario deplorable, dicta todas las materias a todos los cursos al mismo tiempo y en un mismo salón. Ah, pero si el profesor de vereda viene a la ciudad y sale a marchar por mejores condiciones para él y sus estudiantes, es entonces un vago, adoctrinador. Curioso rasero para medir el heroísmo, ¿ah? Hacen del campesino en bicicleta un efímero héroe que Marianita grabó, que prontamente vivirá una vida miserable porque el presidente por el que Marianita hizo campaña regala terrenos a multinacionales para la minería y el fracking, o en su defecto fragua un plan de desarrollo que aniquilará al campesino promedio para volverlo mendigo de grandes empresas que administrarán el agro.  

Trato siempre de terminar mis escritos con una oración/frase de cierre que sea de cierta manera contundente, pero la desolación que me genera este texto que aplico como desahogo mutila mi intención; los inconformes e idealistas nos estamos cansando; nos están desgastando, lo están logrando. 

Banda sonora: "Golpe maestro" de Vetusta Morla 

sábado, 29 de diciembre de 2018

La Paradoja del Perdón

                                                 

Las Paradojas del Perdón

Los viajes en el tiempo siempre han sido un tema que ha cautivado al porcentaje inteligente de la humanidad. Las paradojas que dicho poder genera son motivo de análisis científicos del más alto turmequé y de fantásticos relatos literarios y cinematográficos sobre el poder que ser un viajero en el tiempo otorgaría. Y es por eso que pienso que, dentro de la dinámica humana, es difícil encontrar un sentimiento, don o carisma que ponga a todo ser humano a ir y volver en el tiempo más que el perdón, y que por ende sus dinámicas generen ciertas paradojas de conducta y percepción. 

Si usted tiene algo que perdonar o por perdonársele, por pequeño que esto sea, tiene que inevitablemente haber vivido algo en el pasado que le genera aún algo en el presente y que usted espera “solventar a través del perdón” para estar y sentirse mejor tanto en el presente como en el futuro.

Todos nos vemos involucrados en dinámicas de perdón en muchísimos contextos de la vida, y en situaciones tanto trascendentales y duraderas como en otras superfluas y pasajeras. Esperamos perdonar o ser perdonados por miembros de la familia, (ex) parejas, (ex) amigos, (ex) compañeros del colegio, la universidad y el trabajo, (ex) jefes y subalternos, el desconocido que empujamos o nos empujó en el transporte público, y a la mascota que nos tumbó el árbol de navidad y que nos remuerde haber tratado tan duro. Y esta humana dinámica nos pone a muchos ante diversas posturas que oscilan entre ilógicas, contradictorias y egoístas, arriesgándome aquí a mencionar un par de ellas:

1- Somos buenos para aceptar el perdón pero flojos para concederlo
Es parte de nuestra naturaleza fallar, y lo peor hacerle daño a alguien y posteriormente tratar de justificar nuestros errores, accediendo a diferentes argumentos que de cierta manera procuren hacerle entender al ofendido el porqué de nuestra falla. Si tenemos éxito en nuestra estrategia de convencimiento y damos con alguien noble que nos perdone, la sensación es sencillamente divina; pero cuando el rol es opuesto cuánto nos cuenta a tantos que hemos recibido perdón, tener la misma nobleza y disposición para entender los porqués y disculpas de quienes nos ofendieron. El único consejo es: si usted alguna vez fue perdonado, tenga el talante de otorgar también perdón a quién se lo pida.   
  
2- El perdónmetro, el culpómetro y el gravómetro no están sincronizados:
Para muchos hay cosas perdonables y otras imperdonables (gravómetro averiado), y en relación con el punto anterior, para varios las fallas propias marcan bajito en el nivel de gravedad mientras que las ajenas llegan a niveles de juzgamiento bastante rigurosos (culpómetro fallando). Un muy alto porcentaje de colombianos son fiel muestra de esto, prefieren mantener un conflicto armado con millones de víctimas inocentes que concebir un perdón a quienes tanto daño causaron porque “todos deben pagar por sus errores” (perdónmetro averiado), esto en un escenario social donde muchos de ellos mismos roban cositas pequeñas, son un poquito infieles, dicen mentiritas, se cuelan en el busesito, se hicieron los locos con algunas deuditas, evaden algunos impuesticos y han maltratado físicamente y verbalmente a alguna que otra personita en peleitas insignificantes. Lastimosamente querido humano colombiano hay que tener dos o tres cosas claras: 1- Hay personas que han sufrido muchísimas cosas más duras y dolorosas que nosotros y nos dan claras muestras de entereza y grandeza concediendo el perdón a sus victimarios, si ellos como víctimas directas conciben y pueden perdonar, ¿usted por qué se niega a evitar más dolor en el mundo? 2- No se imagina lo que nuestras “pequeñas fallitas” pueden generar en la vida de otros seres humanos, así que si se las da de riguroso para negar el perdón a cosas que según usted son más graves, entonces proceda a asumir las consecuencias de sus pequeñas fallas: confiese y pida perdón por sus mentiras, infidelidades, robos de poca escala, y agresiones físicas y verbales a otros seres humanos.

3. “Perdonar no es olvidar, perdonar es recordar sin doler”
En diferentes tiempos creí en esta frase de combate; pero infortunadamente los errores más grandes propios y ajenos que he vivido de cerca me dejan claro que las dos ideas tienen sus vacíos. Dice una canción del Cuarteto de Nos que alguien que padeció de Alzheimer curiosamente expresaba que “el olvido es una forma de venganza y de perdón”. En esta creo más; es decir, si usted logra borrar de su mente aquello que le hizo daño u ofendió implica que tanto la persona como el evento ya no existen en su realidad actual (ahí está la parte vengativa, mandar a alguien al olvido es una expresión de que esa persona vale un soberano pepino hoy en día), y pues consecuentemente está perdonado dicho ser. Sin embargo, esta opción es muy pero muy jodida. Por una parte, las cosas que hieren tienden a dejar marcas que no facilitan su olvido; y por otra, algunas personas que nos han y hemos hecho daño tienden/tendemos a permanecer por ahí jodiendo; y la peor, hay personas que queremos perdonar y aún no podemos perdonar y por eso el tema nos sigue taladrando, de modo que estos factores no facilitan el tema del olvido.

Así las cosas queda el “recordar sin doler”, y pues tampoco es que sea tan fácil. En nuestros sube y bajas emocionales, remover y recordar cosas malas puede generar malas sensaciones en cualquier momento de la vida, y el día menos esperado, si no se ha trabajado en el tema de manera sensata, el dolor puede reavivarse y echar todo al traste, es totalmente posible.


¿Entonces, qué hacer?
Hace poco leí y escuché algo súper interesante y hermoso sobre como moldear el pasado. Si le interesa el tema, vea este video: https://www.facebook.com/jasonlsilva/videos/740581539607431/).
No es negárselo, ni asumir como verdades mentiras que nos queramos meter en la cabeza, es trabajar en el día a día sobre la relevancia que usted le quiera dar al tema que le afectó. Si para usted es importante superar la situación y contar aún con quien le hizo daño, ejercite el perdón con convicción y disciplina. Es como ir al gimnasio y usted no va a ver los cambios de un día para otro, ni siquiera de un mes a otro; usted se mira al espejo todos los días y no evidencia con certeza que está siquiera pasando, es sólo después de un tiempo considerable que usted tiene la oportunidad de comparar la foto de cuando empezó y cómo luce en la actualidad; y así pasa con el perdón verdadero.

Solo cuando asumamos la cuestión como un proceso y no como un milagro, podremos valorar cada músculo que nos dolió y cada lágrima que derramamos; vamos a entender por qué unos días amanecíamos con ganas locas de ir al gym y en otros nos vencía la pereza, o por qué unos días sentíamos que habíamos perdonado y al otro volvía todo a dolernos como si la ofensa hubiera pasado ayer; es entendiendo esa fragilidad propia para perdonar y ser perdonados que podemos llegar a lo más cercano de la esencia de ese misterio llamado perdón.

Banda Sonora: "The people that we love" - Bush
https://www.youtube.com/watch?v=ytVyzMp5KAg

EL VUELO Una vez más el fútbol, nuestro amado fútbol, mi amado fútbol, me da hilo para tejer sobre aspectos de la vida y la cotidianidad. Y ...